Una vendimia entre las más bajas de las últimas décadas, unas existencias iniciales tan elevadas como no se conocían desde que cambiamos de milenio, crisis de precios, un consumo a la baja caracterizado por la prudencia del comprador y estabilidad en los volúmenes exportados. Así resume, a grandes rasgos, el Instituto de Servicios para el Mercado Agroalimentario (Ismea) italiano cómo fue el ejercicio 2023 para la vitivinicultura de Italia, uno de los grandes productores mundiales de vino.

El 2023 fue un año que se caracterizó por una fuerte caída de la producción mundial y una ralentización del comercio internacional. En Italia, con una producción estimada de 39 millones de hectolitros de vino, la última cosecha se sitúa entre las más bajas de las últimas décadas. Sin embargo, el resultado de la producción se ve ampliamente contrarrestado por el aumento de las existencias, que nunca habían sido tan elevadas desde el comienzo del milenio, con 51 millones de hectolitros contabilizados a 31 de julio de 2023.



La acumulación de existencias en bodega junto a una demanda interna y externa poco dinámica condicionaron negativamente los precios en origen durante casi todo el año 2023. Sólo a partir del verano (europeo), con las expectativas de reducción de la producción, las cotizaciones, especialmente en el segmento de los vinos de mesa, recuperaron un mínimo impulso, que sin embargo no fue suficiente para invertir la tendencia negativa promedio del año (-2% fue la caída del índice de precios Ismea en comparación con 2022).

En cuanto a las exportaciones, los nueve primeros meses de 2023 mostraron una estabilidad sustancial de los volúmenes enviados al otro lado de la frontera, frente a un ligero descenso de los valores (-2%) debido a la diferente mezcla de productos, con un aumento del peso de los graneles en detrimento de los embotellados. Los vinos espumosos también disminuyeron, con una caída del 3% en volumen y una suba del 2,5% en valor.

La demanda interna para el consumo nacional, según los datos de los diez primeros meses del año, muestra un descenso de las cantidades compradas del 3,1%, mientras que el valor, impulsado por los precios elevados, crece un 3,1%. Los vinos tranquilos se vieron más penalizados (-4%) que los espumosos, que se situaron por encima de los volúmenes del año pasado (+1%).

En cualquier caso, Ismea destaca que se mantiene una actitud prudente de los consumidores, con compras “a la defensiva”, que favorecen los productos en promoción o ciertos vinos más baratos en detrimento de otros, especialmente en el segmento de los vinos espumosos.

En este contexto, las importaciones de vino por parte de Italia se han contraído un 31,6% en volúmenes, a pesar de que se han tenido que desembolsar un 18,3% más por ellas en valor. En el caso de las compras a España, han bajado un 32,3% en el acumulado hasta septiembre en litros, mientras que la factura que se pagó fue un 15,8% menos. La mitad casi.

Los productores italianos son muy conscientes de ciertas cuestiones críticas en el sector que no se limitan a la coyuntura económica, “sino que han adquirido características estructurales”. Detrás de la reducción del volumen de negocio en el extranjero (exportaciones), se encuentran no sólo las enormes existencias acumuladas durante Covid por temor a roturas de stock, sino también una orientación diferente de la demanda hacia vinos más fáciles, menos estructurados y económicamente más accesibles, dado el contexto fuertemente inflacionista.

Por otra parte, el impacto del cambio climático y el aumento de los costos industriales imponen serias reflexiones sobre la gestión de la oferta para evitar años de sobreproducción que podrían no ser sostenibles en términos de precios y, por tanto, de rentabilidad.

 

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