La creciente polarización en el consumo de vino podría explicarse, al menos en parte, por las crecientes disparidades en los ingresos a nivel mundial. Este fue el argumento central expuesto por Del Rey AWM en la conferencia de la EUAWE celebrada en Trieste y Koper entre el 8 y el 11 de junio de 2026. La presentación destacó cómo la evolución de la distribución mundial de la renta de la población podría estar condicionando las tendencias actuales del mercado del vino y explicando por qué crecen ciertos segmentos y tipos de productos mientras otros caen fuerte. Lo primero que debemos tener cuenta, advierte Del Rey AWM, es que los mercados internacionales del vino se están polarizando cada vez más: -Los vinos premium y super-premium siguen mostrando resiliencia, viéndose menos afectados por la crisis actual. Por ejemplo, los vinos de Borgoña han tenido un mejor desempeño que los de Burdeos en Francia. -Los vinos populares (no necesariamente económicos, pero sí muy apreciados por el consumidor) también presentan un comportamiento relativamente bueno. Entre ellos se incluyen los vinos blancos, los espumosos, los estilos más frescos y dulces, las opciones con bajo contenido alcohólico o sin alcohol, los mostos parcialmente fermentados y los cócteles a base de vino, como el “spritz”. En general, los vinos blancos superan a los tintos, los espumosos superan a los vinos tranquilos y productos como el Prosecco tienen un mejor desempeño que alternativas como el Cava español. Esto refleja una tendencia más amplia hacia nuevos hábitos de consumo y categorías. -En el extremo opuesto, los vinos tradicionales de gama media (particularmente los tintos procedentes de regiones productoras consolidadas) son los que experimentan el mayor descenso. Esto resulta especialmente evidente en las regiones con mayores costos de producción, como Europa y Estados Unidos, donde se han aplicado medidas como la destilación de crisis y los planes de arranque de viñedos. La mala noticia es que, si bien los segmentos premium y populares muestran una fortaleza relativa, su crecimiento no compensa el descenso en el segmento de gama media, lo que se traduce en una contracción general del consumo de vino. Desde la recuperación posterior a la pandemia, el consumo mundial de vino ha entrado en un periodo de declive. Algunos factores contribuyentes son temporales, como las tensiones geopolíticas (por ejemplo, la guerra en Ucrania), las barreras comerciales y las presiones inflacionistas. Sin embargo, varias tendencias estructurales parecen más duraderas como son: -Un giro hacia la desglobalización, que reduce los flujos del comercio internacional. -El resurgimiento de patrones de consumo locales, especialmente en mercados como China. -El aumento de las presiones institucionales y normativas sobre el consumo de alcohol. -Un cambio más amplio en las preferencias de los consumidores hacia bebidas más ligeras, frescas y dulces. Estos acontecimientos plantean una pregunta importante: ¿hasta qué punto forman parte estas tendencias de una transformación más amplia de la economía mundial? La polarización observada en los mercados del vino refleja tendencias de otros sectores. Por ejemplo, en el turismo, tanto los viajes de lujo (como los hoteles de cinco estrellas) como las opciones económicas (como las aerolíneas de bajo coste o Airbnb) crecen a mayor ritmo que la oferta de gama media. Esto sugiere un patrón económico más general en el que la demanda se desplaza hacia ambos extremos del mercado. Algo que también muestra el negocio del vino. Una mirada sobre el ingreso La curva de Lakner - Milanovic (también conocida como la “curva del elefante”) ilustra la distribución desigual del crecimiento de los ingresos de los individuos pertenecientes a diferentes grupos de ingresos a nivel mundial. Muestra de manera muy clara cómo evolucionó la renta real entre 1988 y 2008 para diferentes segmentos de la población mundial según su distribución global de ingresos. En resumen, la curva muestra cómo el 0,5% superior de la población mundial por ingresos experimentó en estos años un crecimiento excepcional de sus ingresos. Un crecimiento menor, aunque todavía elevado, fue el que experimentó el 15% superior de la población según sus ingresos. En el extremo opuesto, las personas más pobres del planeta apenas muestran incremento alguno, pero se detecta un crecimiento muy fuerte entre los individuos no tan pobres, con ingresos situados entre los percentiles 10 y 30. El crecimiento notable y consolidado se observa en las personas situadas entre los percentiles 30 y 60 de la distribución mundial de ingresos, lo que “representa a la clase media global”, para la cual dicho crecimiento “refleja el rápido desarrollo económico de muchos países que antaño se consideraban “países en desarrollo”, como China o la India. La parte más negativa del gráfico muestra el descenso de los ingresos reales de las personas situadas en los percentiles relativamente más altos —entre el 60 % y el 80 %—, quienes pueden identificarse con las clases medias de los países de mayores ingresos. Esta clase ha experimentado un crecimiento salarial nulo o escaso durante el proceso de globalización comprendido entre los años 1988 y 2008. Esto muestra que han surgido nuevas clases medias que han experimentado un crecimiento considerable en las últimas décadas, especialmente en lo que se consideraban “economías menos desarrolladas”, en segundo lugar, los más ricos se han vuelto aún más ricos y, en tercer lugar, los ciudadanos más afectados han sido los pertenecientes a las clases medias tradicionales de las economías consideradas históricamente como “desarrolladas”. Si esta explicación es correcta, ¿podría entonces la evolución de los ingresos de la población mundial —junto con otros factores— constituir al menos parte de la explicación del desarrollo del consumo de vino? De ser así, ¿qué tipos de vinos cabe esperar que tengan una mejor evolución en el futuro? Partiendo de la explicación de Lakner-Milanovic sobre la evolución de los ingresos a nivel mundial, cabe considerar lo siguiente:
  1. Es probable que los consumidores más adinerados impulsen la demanda de vinos premium y ultra-premium, a pesar de representar un segmento de la población pequeño (aunque en crecimiento).
  2. Es poco probable que los sectores de menores ingresos participen de manera significativa en el consumo de vino.
  3. Las clases medias emergentes de las economías en desarrollo, al acercarse al mundo del vino, pueden vincularse con el producto de dos formas distintas:
-Adoptando nuevos estilos de consumo y prefiriendo productos más frescos, dulces o innovadores (por ejemplo, en la India), con patrones de consumo diferentes. -Adoptando gradualmente estilos de vino más tradicionales, lo que genera oportunidades para los productores consolidados en nuevos mercados.
  1. Las clases medias tradicionales de las economías desarrolladas —históricamente el núcleo de los consumidores de vino— se encuentran bajo presión y en crisis. Estas clases están cambiando sus hábitos de consumo y enfrentándose a una reducción de su poder adquisitivo, lo que dificulta mantener la demanda de vinos tradicionales de gama media.
Si la relación entre la distribución mundial de la renta y el consumo de vino es válida, ello conlleva importantes implicaciones estratégicas para los productores y las regiones vitivinícolas. Es posible que las empresas deban: -Centrarse en segmentos de mercado específicos en los que sean más competitivas. -Desarrollar carteras diversificadas que atiendan a distintos grupos de consumidores a lo largo de todo el espectro de ingresos. Para acceder al informe completo hacer click aqui.