Una mirada sobre el boom de los espumantes sin alcohol y el dilema de los “proxies”
17 julio, 2026
El vino sin alcohol lleva años ganando popularidad, y el vino espumoso ha desempeñado un papel fundamental en esta tendencia. De hecho, fue esta categoría la que abrió camino hace tiempo y dio a conocer el vino sin alcohol en un primer momento, destaca la última edición del reporte “Sparkling Report” de ProWein Düsseldorf.
Esto se debe también a que el sabor de la variedad espumosa es más fácil de replicar respecto al original: al eliminar el alcohol del vino, se pierde un componente clave del sabor. La adición de azúcar busca compensar esta pérdida, pero resulta mucho más perceptible en los vinos tranquilos sin alcohol.
En el caso de los espumosos, la carbonatación equilibra el contenido de azúcar residual —a veces elevado—, haciendo que el vino se perciba más seco que sus homólogos tranquilos.
El mercado más importante para el vino desalcoholizado —y, por ende, para el espumoso— es Alemania. Allí, productores tradicionales de espumoso como Schloss Wachenheim lanzaron al mercado los primeros espumosos desalcoholizados hace ya muchos años. En consecuencia, este segmento ha experimentado un desarrollo dinámico en los últimos años.
Según informa la Asociación de Productores Alemanes de Vino Espumoso: en 2025 se vendieron aproximadamente 22,3 millones de botellas de vino espumoso sin alcohol, lo que representa un aumento del 12% y equivale a una cuota de mercado cercana al 9% dentro del sector alemán de los vinos espumosos.
Impacto global
Las bebidas sin alcohol están ganando popularidad a nivel internacional, y este segmento registra una gran actividad en todo el mundo: según sus propias declaraciones, Henkell Freixenet es líder mundial en el mercado de los vinos espumosos sin alcohol.
La empresa ha registrado recientemente tasas de crecimiento de dos dígitos, impulsadas por productos como Mionetto 0,0% y Freixenet 0,0%. Al tratarse de versiones desalcoholizadas, ninguna de ellas se clasifica como Prosecco ni como Cava (ya que las normativas de origen correspondientes no lo permiten), pero están diseñadas para integrarse en sus respectivas líneas de productos tanto por su sabor como por su apariencia.
Junto al vino espumoso sin alcohol “tradicional”, los minoristas están apostando cada vez más por la categoría (también en auge) de los llamados “proxies” (o alternativas al vino): productos que se asemejan al vino en sabor y textura, pero que se elaboran a base de hierbas, té y frutas, y que también se ofrecen en una amplia variedad de estilos espumosos. Son productos que se parecen al vino, pero no lo son y compiten de igual a igual en la categoría.
Aún no existen datos de mercado fiables para esta categoría tan reciente. No obstante, las señales (especialmente las provenientes del sector de la hostelería y de tiendas especializadas de gama alta) son claras: los consumidores que desean evitar el alcohol están dispuestos a pagar un precio superior por esta categoría de productos.
Los analistas de la firma estadounidense de estudios de mercado Grand View Research estiman que el mercado global de vinos sin alcohol podría alcanzar los 3.780 millones de dólares en 2030, con una tasa de crecimiento anual cercana al 8%.
Asimismo, calculan que el vino espumoso desalcoholizado representa alrededor del 60 % de este mercado. Según los analistas de IWSR, se prevé que este segmento registre un crecimiento de dos dígitos en los próximos años. Es aquí donde probablemente resida el mayor potencial de todo el mercado de vinos espumosos.
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